El apego con nuestros padres: El vínculo afectivo que define nuestra vida adulta

 

Padre jugando con su hijo

Desde que nacemos, buscamos una figura que nos dé seguridad. Ese primer vínculo con nuestros padres es la base de todo lo que vendrá después. 

John Bowlby demostró que el bebé nace programado para buscar protección. Cómo respondan los padres al llanto y a las necesidades de su hijo define si se construye un apego seguro o un apego inseguro. Por tanto ese vínculo temprano determinará el estilo de apego con la que nos relacionaremos de adultos. Entender cómo funciona el apego seguro y qué pasa cuando no se da es clave para la salud mental.


Cómo crear un apego seguro desde pequeños


El apego seguro no pide padres perfectos, pide padres presentes. Se crea con micro-momentos diarios que fortalecen el vínculo:


1. Disponibilidad emocional: No es estar 24h, es que cuando tu hijo te necesita, te sienta. Eso construye apego seguro porque el niño aprende “me ven”.

2. Respuesta sensible: Si nos reclama, se le atiende. La predictibilidad genera vínculo y el vínculo genera seguridad. Así se instala el apego seguro.

3. Reparación: Todos fallamos. La diferencia del apego seguro es volver después y reconectar: “Perdona que gritara, estaba cansado”. Eso enseña que el vínculo sobrevive al conflicto.


Fomentar el apego seguro es invertir en la estabilidad y bienestar emocional de tu hijo.


¿Para qué sirve el apego seguro? Beneficios del vínculo sano


Un apego seguro es el mejor regalo psicológico. ¿Qué tiene de bueno? Todo:


1. Regulación emocional: El niño con apego seguro aprende a calmarse porque le calmaron. El vínculo seguro le enseña que las emociones no son peligrosas.

2. Exploración: Solo desde una base de apego seguro te atreves a ir al mundo. Sin vínculo seguro, no hay aventura.

3. Autoestima: El mensaje del apego seguro* es “soy digno de cuidado”. Eso sostiene toda la vida.

4. Relaciones futuras: Quien tuvo apego seguro tiende a elegir parejas sanas y a poner límites. Su  vínculo de origen le sirve de brújula.


¿Qué ocurre cuando no se fomenta el vínculo? Problemas psicológicos


Cuando no hay apego seguro, aparecen patrones de vínculo inseguro que duelen en la edad adulta.


1. Apego evitativo: Es el más común si los padres fueron fríos o premiaron la “dureza”. El niño con apego evitativo piensa “si necesito, me rechazan”. De adulto, el apego evitativo se ve como autosuficiencia extrema. La persona con este tipo de apego evita la intimidad, le agobia depender y corta el vínculo cuando se siente vulnerable. El apego evitativo sufre en silencio y le cuesta pedir ayuda. Muchas veces se refugia en el trabajo o ejercicio físico para no sentir o regularse emocionalmente.


2. Apego ansioso: Padres impredecibles crean apego ansioso. A veces miman, a veces ignoran. El niño con apego ansioso vive en alerta. De adulto, el apego ansioso necesita reaseguro constante. El apego ansioso teme que el vínculo se rompa en cualquier momento. Quien tiene apego ansioso interpreta el silencio como abandono y vive las relaciones con mucha intensidad. El apego ansioso sufre cuando no recibe respuesta inmediata.


3. Apego desorganizado: Surge con miedo y maltrato. El vínculo es caótico. No es ni apego seguro, ni apego evitativo, ni apego ansioso puro, es confusión.


La falta de apego seguro correlaciona con ansiedad, depresión y dificultad para sostener un vínculo estable.


El vínculo con nuestros padres no es un detalle, es el cimiento. Fomentar un apego seguro regala salud mental. Y si te reconoces en el apego evitativo o el apego ansioso, hay salida: el vínculo se puede sanar en terapia y con relaciones seguras. Nunca es tarde para aprender a vincularse mejor y pasar del apego evitativo o apego ansioso a un apego seguro que nos hará ganar un mayor bienestar psicológico.


Artículo escrito y revisado por Noemi Bartolomé Psicóloga| Graduada en psicología. Experta en terapia de pareja, dependencia emocional y autoestima. Trauma (EMDR) y IFS.

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